La música en la sociedad

     La música provee el florecimiento de la creatividad humana y sus manifestaciones en lugares inesperados.

     La sociedad moderna o “la sociedad de las masas deja poco o ningun espacio para la creatividad local y personal pues el individuo es considerado como mero aleado y son moldeados culturalmente por los medios de comunicación masivos, es por eso que en nuestras culturas hay una escases preocupante de actividad musical digna de estudio en contraste con la vida comunal aldeana tan llena de actividad musical familiar de la edad de oro victoriana que tan prominente lugar ha tenido en nuestra sociedad.

     Muchas personas ignoran el significado de las palabras de la música que escuchan, solo se dejan llevar por los sonidos.

     Las actividades musicales jugaban un papel muy significativo en su implicación en la sociedad circundante, en la sociabilidad y en la fijación de las rutas temporales, espaciales y de acción a través de las cuales encontraban la realidad en la ciudad en la que vivían, y, recíprocamente, ayudaban con ello a conformarla. Desde una perspectiva más amplia, la práctica de la música y la existencia de músicos reconocidos aunque se tratara de amateurs jugaba un papel social incluso para aquellas personas poco integradas en la persecución activa de la música. Pues era precisamente la música la que proporcionaba el marcador clave para las grandes ceremonias de interés personal y público. Tanto los rituales públicos como los ritos de paso personales dependían a menudo del simbolismo de la música para ser situados aparte del tiempo y espacio «ordinarios», y, de esta manera, ser traspuestos a la superior esfera del ritual en cuestión. Así, los músicos eran necesarios para realizar estos rituales no ya los músicos profesionales, sino el modesto organista de iglesia que tocaba en bodas y funerales; el miembro de una banda que se preparaba a ratos para salir tocando en una ceremonia cívica o en la marcha anual de conmemoración de la guerra, la orquesta de baile local que amenizaba una celebración de 21 cumpleaños de un adolescente; o los esperados conciertos de villancicos en las escuelas e iglesias que ayudaban a marcar la Navidad como una época especial.

«Puede que la música juegue un papel en la experiencia y realización de los seres humanos y en la conformación de la sociedad bastante mayor de lo que normalmente asumen los científicos sociales, los musicólogos o el propio saber convencional. Ignorar esta modalidad de acción humana significa dejar pasar algo fundamental de nuestra experiencia. Este hecho me conduce a cuestionar una vez más no ya el punto de vista, aún vigente, de que los seres humanos de algún modo obtienen su realidad social central de su desempeño económico en la sociedad (una visión normalmente basada en el modelo del «hombre como trabajador asalariado»), sino también el punto de vista más rico (y, en mi opinión, más realista) del «hombre como simbolizador» corriente en algunas ciencias sociales y en especial en la antropología, con sus resonancias de una visión de lo humano ideacional y, en último término, lingüísticamente modelada. Con seguridad es igual de válido pintar a los seres humanos como esencialmente practicantes y ejecutantes: actores artísticos y morales, tanto como perceptores simbólicos o trabajadores asalariados».  
     En primer lugar, sea cual fuere la cultura estudiada, con toda probabilidad la música jugará un papel en ella. Es imperativo para los antropólogos estar abiertos a este hecho. Por supuesto, su papel, ideología y sistema de producción diferirán entre sociedades y grupos específicos, así como al interior de éstos. En algunos casos, como los Venda de Sudáfrica estudiados por Blacking, cualquiera puede participar en actividades musicales de algún tipo. En otros, como sucede con la cultura inglesa contemporánea, se espera que sólo una pequeña sección de la población total sea intérprete activa, aunque la mayoría si no todos actúa en calidad de oyente o tiene una opinión formada. Se espera que determinadas ocasiones incluyan un adorno musical; otras carecen por convención de él, si bien pueden poseer otros marcadores acústicos (incluyendo el silencio). Si así fuera, habríamos de considerar seriamente la posibilidad de que la música, lejos de ser secundaria, debiera en ciertos casos ser colocada en un primer plano. Más que un elemento meramente iluminador en la cultura constituiría una dimensión central para la comprensión de un grupo o cultura particular. John Blacking aún da una ulterior vuelta de tuerca a esta idea. El ve la música como una modalidad primaria e irreductible, a través de la cual los individuos actúan, se expresan y crean sociabilidad humana.
Ruth Finnegan